miércoles, 5 de abril de 2017

Una mañana en la ITV

Ha pasado una buena porción de esta mañana en la ITV de Gelves y es una experiencia que recomiendo encarecidamente, sobre todo a esas personas cercanas por las que estoy dispuesto a sacrificarme y permitir que sean ellas las que pasen esa revisión en las próximas ocasiones que me toque llevar algún vehículo. Y lo recomiendo como experiencia sociológica.

Para empezar se observa una clara distinción por sexos: todo el departamento de administración era del sexo femenino, el 90% de los inspectores (ignoro si se llaman así, pero se entiende) eran hombres y el 100% del personal encargado de la limpieza eran mujeres (aunque este último dato no ha de tenerse muy en cuenta ya que la muestra era muy reducida, concretamente solo he visto a una persona limpiando). Dicho lo cual he de aclara dos puntos: los datos anteriores se refieren a los empleados que he llegado a ver a que no pretendo realizar un estudio pormenorizado, ni una extrapolación de los datos aquí presentados que tanto esfuerzo me ha costado conseguir. Al margen de lo anterior, me he basado en evidencias externas que bien pueden llevar a confusión, puesto que no he conseguido vislumbrar ninguna vulva ni ningún pene, que, al parecer, es la prueba del algodón de la distinción de género. Sí que estuve tentado de ir pidiendo a todo el mundo que me mostrara sus genitales (puedo afirmar también que desde el punto de vista estadístico muy poca gente los muestra en la ITV: los que así lo hacen se pueden contar con los dedos de una oreja) en aras de la fiabilidad del maravilloso estudio estadístico que estaba realizando, pero acabé acobardándome al pensar que ello podría llevar acarreado mi internamiento en alguna institución penal o psiquiátrica, la no obtención del sello positivo para mi vehículo o, lo que posiblemente fuera la peor de las opciones, que alguien accediera a mostrarme sus genitales tan de mañana. Para concluir esta parte, señalo que también la inmensa mayoría de los clientes (tampoco sé si este es un término apropiado) eran hombres.


Curiosamente, no era yo el único en realizar estudios estadísticos dentro del recinto, ya que pasé al lado de un nutrido grupo de señores que estaban comentando los beneficios de pasar la ITV a una u otra hora, al parecer, existía unanimidad que era mejor pasarla a última hora ya que los inspectores estaban cansados y deseosos de retornar a sus casas. Naturalmente, me causó gran alegría el conocer que el gremio de los inspectores de ITV son tan hogareños, pero al desconocer la ficha técnica del estudio que esos señores habían realizado,  incluyo este dato aquí con todas las reservas posibles.

También me crucé con un personaje muy extraño y que no alcanzo a adscribir totalmente. Me explico: era un individuo de raza blanca, sexo masculino (de nuevo aclaro que no le vi ni el pene ni la vulva), relativamente joven (para mi es joven cualquier ser humano menor de los sesenta años, pero en este caso deberia rondar la mitad de dicha edad), casi rapado y con una poblada barba (rasgo que suele ir muy emparejado a la presencia de pene), llevaba una especie de sotana pero de color beis y una cadena en la que cada eslabón se podía usar para fundir un par de cañones de la guerra de la independencia y de una considerable longitud, de dicha cadena pendía un medallón bastante más pequeño que un campo de fútbol, puede que incluso inferior al área de penalti, cuyo motivo no alcancé a vislumbrar. Si algunos de mis amables lectores pudieran darme pistas acerca de la posible procedencia de semejante espécimen, se lo agradecería mucho.

Ya a nivel personal, me ocurrió una anécdota que quiero contar aunque sin despertar demasiadas expectativas ya que no es ni muy graciosa, ni significativa. Estaba yo dentro de mi coche resolviendo un sesudo problema matemático y vigilando las pantallas en las que se iba indicando, según la matrícula, a qué carril tenía que encaminarme para pasar la revisión cuando un individuo de pinta patibularia (no sé bien qué es eso de pinta patibularia, pero queda bien aquí) se sentó sobre el capó de mi coche impidiéndome la visión del panel informativo, amablemente (no cabía otra dado el aspecto del individuo) le solicité que se apartara un poco ya que me obstaculizaba la visión y su respuesta fue: "bájate del coche como todo el mundo". Yo, gallardamente, lo que hice fue girar el cuerpo de vez en cuando para ver la información: con un par!!

Por ultimo: we got it!!!